No sé cómo explicarlo,
pero cuando te miro
siento que todo lo que alguna vez pedí
se hizo realidad.
Llegaste a mi vida en silencio,
sin promesas exageradas,
sin alboroto…
y aun así
la transformaste por completo.
No hay un solo día
en el que no agradezca tu existencia,
tu presencia constante,
tu amor tan noble,
tan tierno,
tan auténticamente tuyo.
Amarte es vivir con la certeza
de que los milagros existen,
de que Dios escucha
y de que el mío tiene nombre.
Porque cuando estás conmigo
todo se siente más ligero,
más verdadero,
más hogar.
Y sí…
mi milagro eres tú,
y te elijo todos los días.
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