jueves, 27 de noviembre de 2025

Deseo que seas muy feliz

 Jorge,


Sé que ya no lo leerás y quizá está bien así. Pero necesito dejar dichas estas palabras que me nacen desde el corazón, porque fueron verdad, porque yo sí viví todo esto con sinceridad.


La verdad es que te amé como nunca había amado a nadie.

No te lo digo desde el drama ni desde la tristeza del momento… te lo digo porque es la verdad más profunda de mi vida en estos últimos meses.


Contigo fui diferente.

Tú no sabes cuántos muros tumbé por ti.


Antes de ti, yo era fría, distante, demasiado cuidadosa con lo que dejaba entrar a mi vida. Pero contigo… algo cambió.

Contigo aprendí a ser cariñosa, a soltar un poco el miedo, a mostrar mi ternura sin sentir vergüenza.


Por ti cambié, y no porque tú me lo pidieras, sino porque el amor que sentía me hacía querer ser mejor; no perfecta, pero sí más atenta, más presente, más valiente.


Por ti aprendí lo que es la lealtad de verdad, lo que es amar sin condiciones, lo que es esperar y confiar.

Por ti aprendí a verme a mí misma con más valor, a amarme más, a decir “yo también merezco algo bonito”.


Contigo descubrí partes de mí que ni sabía que existían.

Descubrí que puedo ser dulce sin sentirme débil, que puedo ser afectuosa sin miedo a ser lastimada, que puedo entregarme sin perderme.


Y aunque hoy me duela hasta el alma, aunque sienta que me rompí en mil pedazos, no me arrepiento de haber amado así.

Porque lo que sentí fue real.

Porque lo que di salió de un lugar sincero.

Porque lo que viví contigo fue importante para mí.


Ojalá algún día entiendas que no fui cruel.

Que nunca, ni un segundo, te vi como un plan B ni como alguien reemplazable.

Fuiste el centro de muchas de mis ilusiones, el hombre con el que imaginé un futuro y con el que soñé cosas que jamás había soñado.


Si cometí errores, fueron de humanidad, no de maldad.

Si fallé, fue porque también estaba aprendiendo a amar.


Pero no quiero quedarme aquí aferrada a lo que pudo ser.

Decido soltar, no porque no te ame, sino porque me amo a mí también, y sé que no puedo vivir en un lugar donde ya no me están esperando.


Gracias por lo que sí fue bonito.

Gracias por lo que despertaste en mí.

Gracias por enseñarme que soy capaz de amar profundo, real y sin reservas.


Te dejo ir desde el amor, no desde el rencor.

Y me dejo ir a mí, para encontrar la paz y el cariño que también merezco.


Adiós.


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