Eran las cinco de la mañana, un 15 de julio, y no buscaba nada.
Entonces ocurrió.
La luz se detuvo en una sonrisa capaz de opacar al mundo, y todo, incluso el tiempo, hizo una pausa.
No fue sorpresa, fue reconocimiento.
Como si el destino, en silencio, acabara de revelar su forma.
Un 16, todo comenzó con una pregunta sencilla, casi inocente: ¿quién eres?
Y desde ese instante, el tiempo ya no volvió a avanzar de la misma manera.
Lo que siguió fue refugio, contención, una calma que no necesitaba explicarse.
Una mano firme que no se suelta, aun cuando la tormenta insiste en nombrarse destino.
Y en lo más íntimo nació una gratitud profunda, serena,
a la madre santa de aquel hombre que trajo al mundo
al ser más increíble que pude haber elegido para amar 🤍✨🫂
No hay comentarios.:
Publicar un comentario